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Palestine

palestina Claves históricas

Nexo entre África, Asia y Europa Canaán (nombre con el que se conocía antiguamente a Palestina), ha sido desde los tiempos más remotos una encrucijada de gran importancia estratégica en Oriente Medio. Poblada desde hace 50.000 años, la llamada ?cuna de la civilización? ha formado parte de (casi) todos los imperios que en la Historia de la Humanidad han existido. Cananeos, egipcios, filisteos, persas, romanos, árabes, mongoles, otomanos y otros muchos ocuparon y dejaron su huella en estas tierras. A ello hay que añadirle el hecho de que las tres principales religiones monoteístas (el islam, el judaísmo y el cristianismo) consideran ?santa? esta pequeña porción de tierra de 27.000 metros cuadrados. Esta coincidencia de imperios, pueblos, culturas y religiones ha conocido periodos de convivencia armoniosa y otras épocas no exentas de tensiones y luchas.

No obstante, el conflicto que hoy día se vive en la Palestina histórica (término éste que engloba lo que se denomina ?Israel?, más Gaza y Cisjordania) es fundamentalmente político. La actual situación tiene su origen a finales del siglo pasado cuando Theodor Herzl teoriza el proyecto sionista y en 1897 en el I Congreso Sionista Mundial celebrado en Basilea se propugna la creación en Palestina de ?un hogar para el pueblo judío? bajo el lema ?una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra?. A partir de entonces aumenta progresivamente la emigración de judíos a la ?tierra prometida?. En 1917, mediante la ?declaración Balfour?, el imperio británico se pliega a los designios del sionismo. En esas fechas la población judía de Palestina era del 10% (60.000 judíos de un total de 600.000 habitantes). Durante todo ese periodo se disparó la emigración de población judía a Palestina, acuciada por el Holocausto de la II Guerra Mundial.

En 1947, las Naciones Unidas proponen dividir Palestina, que se hallaba inmersa ya en una situación de violencia, en dos estados unidos por una confederación económica. Así, la Resolución 181 del 29-11-1947 asignaba al Estado judío el 53% del territorio de palestina, incluidas las tierras más fértiles, y el 47% a los árabes palestinos, que conformaban el 70% de la población en aquel momento. La población palestina rechazó el plan, y los sionistas fueron anexionándose militarmente tierras que pertenecían a la población palestina, provocando el éxodo de decenas de miles de palestinos, hasta que tras la retirada del mandato británico, el 14-05-1948 fue declarado lo que hoy conocemos como el ?Estado de Israel?. Al firmarse los Acuerdos de Armisticio de 1949, el 80% de Palestina estaba en manos de los israelíes, y había 750.000 exiliados palestinos que habían vivido en lo que ahora se llamaba Israel y eran refugiados ?internos?, que vivían dentro de las fronteras de la Palestina histórica, pero no en sus tierras y pueblos originarios, porque al menos 250 pueblos árabes fueron destruidos, siendo el caso más conocido el de Deir Yassin por la matanza de palestinos que se produjo.

Siguiendo adelante con su estrategia genocida, el Estado de Israel aprobó en 1950 dos polémicas leyes: la ?Ley sobre propiedades de los ausentes? y la ?Ley del Retorno?. Por medio de la primera, la tierra que pertenecía a alguien que la hubiese abandonado durante la guerra, ya fuera para irse al extranjero o para refugiarse en otras zonas de Palestina, pasaba automáticamente a manos del Estado israelí. La segunda ley otorgaba a todo judío el derecho a asentarse en Israel. Con ello, se suplantaba a los legítimos dueños de las tierras, de origen árabe, por sionistas a quienes se entregaba la propiedad de esos mismos territorios.

En 1967 el Estado sionista israelí se anexionó en la ?Guerra de los Seis Días? Gaza, Cisjordania, el Sur del Líbano, el Sinaí egipcio y los Altos del Golán sirios. La ONU aprobó la resolución 242 por la que instaba a Israel a retirarse de estos territorios, a la cual el Estado sionista hizo caso omiso. No sólo eso, sino que en los siguientes años, Israel dio comienzo a su política de instauración de colonias en los territorios ocupados en el 67, que aún hoy mantiene en Cisjordania y en los Altos del Golán. La resistencia palestina a la ocupación israelí fue acentuándose, hasta que en diciembre de 1987 dio comienzo la primera Intifada, que terminaría con los Acuerdos de Oslo de 1993, considerados como una claudación por gran parte del pueblo palestino, ya que se reconocía el Estado de Israel, se instaura la Autoridad Nacional Palestina y se pactan distintos grados de autonomía para diversas zonas de Gaza y Cisjordania. El hecho de que no se avance en el proceso de paz y la persistencia de la ocupación israelí desembocan en septiembre de 2000 en la segunda Intifada.

Situación actual

Quienes acabamos de venir de Palestina hemos constatado que actualmente el conflicto persiste en toda su crudeza. Esto lo hemos intentado reflejar en las diversas crónicas que hemos realizado desde allí para ?Gara?, firmadas bajo el seudónimo de ?Imanol Arriaran? (en homenaje a Imanol Gómez y Pakito Arriaran, y a todos los luchadores por la libertad de Euskal Herria y de los Pueblos oprimidos del mundo). En ellas se exponían las nefastas consecuencias que acarrea para la población palestina la política de ocupación, racismo y ?apartheid? instaurada por Israel. Así, hemos sido testigos directos de la represión ejercida por la maquinaria militar sionista que reprime las manifestaciones ciudadanas con gases y disparos de bala, tal y como sucedió en sendas manifestaciones en las que participamos en Bet Lin y Jerusalen. Comprobamos cómo se le roban la tierra y el agua al pueblo palestino para aumentar las colonias en Cisjordania y para abastecer las necesidades de agua de las mismas. Vimos que otra consecuencia del robo de tierras es que ?el muro del apartheid? israelí aumenta día a día su extensión ante la impotencia palestina y bajo la protección del ejército sionista, separando con un bloque de cemento de 12 metros de alto familias y amigos, pueblos enteros, que hasta ayer mismo permanecían unidos. Constatamos la falta de libertad de movimientos que padecen los palestinos, quienes son retenidos durante horas en los check-points o simplemente no se les permite viajar de un pueblo a otro, mientras los israelíes (colonos o no) viajan y se mueven con entera libertad. Tuvimos también conocimiento de la grave situación económica de la población palestina, con un 45% de la población activa en el desempleo, debido a que no son dueños de sus recursos naturales (agua, mar, aire), esenciales para el desarrollo de la agricultura, y a que durante la Intifada la escasa industria que había fue destruida por los israelíes. Además, el turismo, que en un país de gran significado histórico como es Palestina, debiera ser un baluarte económico, brilla por su ausencia, condenando a poblaciones históricas como Belén, Hebrón o Jericó al ostracismo.

Junto a esta realidad sangrante, conocimos también la dignidad de un pueblo que no sólo resiste, sino que también hace país día a día. Mantuvimos contacto con diferentes organizaciones políticas, sindicales, sociales y culturales, con gente que lucha en la legalidad, en la calle y en las prisiones, y también con quienes combaten desde la clandestinidad. Conocimos de primera mano la importancia que los palestinos dan a la educación al visitar las universidades de Nablus y Ramala. Tuvimos la oportunidad también de conocer un Pueblo, el palestino, que a pesar de la dureza de la situación que padecen, sabe cantar, bailar y divertirse.

Posibles vías de solución al conflicto

A la hora de abordar la posible solución del conflicto que enfrenta a los palestinos y al Estado sionista de Israel, se suele platear la siguiente disyuntiva: ¿Un único estado o dos estados, uno judío y otro palestino?

Dada la complejidad del conflicto en la actualidad, la mayoría de las fuerzas palestinas aceptan la solución de los dos Estados. No obstante, mientras algunos sectores de Al Fatah con Abu Mazen a la cabeza entienden que la solución de los dos Estados sería definitiva, la práctica totalidad de las fuerzas de izquierda e incluso movimientos como Hamas entienden que la solución de los dos Estados sería aceptable, pero sólo como un paso transitorio hacia la constitución de un único Estado en toda la Palestina histórica (es decir, lo que hoy se denomina "Israel", más Gaza y Cisjordania).

La opción que defienden las fuerzas progresistas y de izquierda palestinas, y que nosotros compartimos y hacemos nuestra, es la de un único Estado, laico, que englobe la totalidad del territorio de la Palestina histórica, y donde toda la ciudadanía goce de los mismos derechos civiles y políticos, en plena igualdad. Y es que plantear la creación de dos Estados como una solución definitiva, supondría tanto como dejar en letargo un conflicto que se reavivaría con el tiempo, dado que habría minorias étnicas de palestinos e israelíes en cada uno ellos, y una eterna disputa por los recursos naturales, la tierra y el agua.

Hay otras dos claves que son básicas y se deberían contemplar ineludiblemente para una resolución justa y definitiva del conflicto, independientemente de que triunfase la tesis de uno o dos Estados:

La capitalidad de Jerusalen en el futuro Estado palestino.
El reconocimiento del Derecho al retorno a su lugar de origen que le asiste a toda la población palestina refugiada, y que hoy día vive, tanto dentro como fuera de Palestina. No hay que olvidar que mientras los palestinos que viven en toda la Palestina histórica hoy día son algo más de 4 millones (frente a 6 millones de israelíes), y la diáspora palestina se calcula en torno a 6 millones.

 
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